Al llegar a la exposición, el ambiente estaba cargado de expectativas.
El salón principal estaba iluminado con una luz cálida que resaltaba cada detalle de las obras expuestas.
Los invitados, vestidos de gala, recorrían los pasillos con copas en mano, comentando entre murmullos y exclamaciones los trabajos de los artistas.
En medio de todo ese bullicio, estaba Silvia. Sus esculturas ocupaban un espacio privilegiado en el centro de la sala, y un grupo de personas la rodeaba, lanzándole elogios si