Aníbal detuvo el beso, sus labios aun rozando los de ella, y buscó su mirada con una urgencia que quemaba.
"Mia... Quédate Conmigo...
Ella se estremeció, sus ojos se humedecieron al instante, como si esas palabras abrieran un abismo de dudas en su corazón.
—Aníbal, yo… —su voz tembló— ¿y si me dejas? ¿Y si un día te aburres de mí?
Él acercó su boca a la de ella, rozándola apenas con un suspiro, como si necesitara tatuar cada sílaba en su piel.
—No —murmuró, casi en un siseo desesperado—. No hay