Al día siguiente, Mia despertó con el corazón pesado.
El recuerdo de la noche anterior aún se deslizaba como un eco persistente por su mente.
El rostro de Aníbal, sus palabras, sus gestos… todo volvía a ella con una intensidad imposible de ignorar. Por más que quisiera apartarlo, seguía ahí, clavado en lo más profundo de su alma.
El sonido de su teléfono rompió el silencio de la habitación.
Un mensaje nuevo apareció en la pantalla. Al leer el nombre del remitente, el aire se le quedó atascado en