Liliana subió hasta su habitación convertida en un mar de emociones que iban y venían haciéndola estremecer por dentro.
—¿Qué se ha creído ese estúpido? —gruñó mientras entraba a su dormitorio azotando con fuerza la puerta.
Frotó su brazo con su otra mano, aún tenía la marca enrojecida del agarre de Alessandro. Sus pezones estaban endurecidos, lo cual reflejaba lo excitada que se sintió tras aquellas nalgadas. Caminó hacia la cómoda, se levantó el vestido y miró la forma de sus dedos marcad