—¿A dónde vas? —preguntó Liliana, aún envuelta entre las sábanas al verlo vistiéndose.
—Debo resolver algunos asuntos. —dijo él, mientras terminaba de abotonarse la camisa y colocarse la chaqueta.
Ella se incorporó ligeramente de la cama.
—¿Qué hora es?
—Aún es temprano. Descansa para cuando regrese —dijo en un tono perverso.
Liliana mordió su labio inferior. Alessandro despertaba en ella sensaciones y emociones que nunca antes había sentido ni siquiera con Enzo.
—Entonces te estaré