Liliana intentó concentrarse en lo que hacía. Mas, no podía. Algo en su interior le hacía pensar que aquella salida tan temprana de Alessandro no había sido normal aunque a ella, en un principio le pareció que sí lo era.
Terminó de poner la olla en la estufa y luego se secó las manos con rapidez, caminó hacia la recámara. Tomó su teléfono y vio la hora. Ya había transcurrido más de dos horas desde que salió.
“Quizás está ocupado” pensó.
Pero la angustia no cedía. Al contrario, cada minuto