Afuera, Laura sintió un escalofrío recorrerle la espalda cuando el desgarrador grito de Alina resonó en el aire. Su instinto la impulsó a correr hacia la casa, pero antes de dar un paso, una mano firme se posó con fuerza sobre su hombro, deteniéndola en seco.
Se giró bruscamente, con la adrenalina recorriéndole las venas, y su mirada se encontró con unos ojos azules pero tan helados como el acero. Viktor.
El hombre las había seguido desde la academia sin que ninguna lo notara, sumidas en su con