—Ella va con nosotros —dijo Alina con firmeza, aunque su voz tembló levemente.
Viktor no respondió al instante. Desde su asiento al volante, observó a Laura a través del retrovisor. Su rostro, inmutable, no delataba emoción alguna, pero tras un largo segundo, suspiró.
—Que termine de entrar y tú te vienes para acá —ordenó. Dio una palmada sobre el asiento del copiloto sin apartar la mirada del espejo.
Laura no esperó una segunda indicación. Con un leve empujón, urgió a Alina a moverse. Alina tra