Alina despertó sobresaltada. La habitación en la que se encontraba era espaciosa, con un estilo minimalista que exudaba lujo y frialdad al mismo tiempo. Las sábanas de seda se sentían extrañas contra su piel, demasiado suaves, demasiado ajenas. Un ligero mareo la obligó a apoyarse en los codos mientras sus ojos exploraban el lugar. El lugar le resultaba conocido, tenía esa sensación pero el aturdimiento era abrumador. Entonces lo vio.
Viktor estaba de pie junto a la ventana, con las manos en los