Alina se estremeció cuando Viktor se incorporó y caminó hacia una mesa de madera oscura en el rincón de la terraza de la habitación, parte del pequeño jardín dispuesto en un espacio estratégicamente diseñado en las afueras de la habitación. Se movía con la misma gracia felina de siempre, una mezcla perfecta entre letalidad y control absoluto. Ella apenas respiraba, observándolo con recelo mientras él servía una copa de licor ámbar.
Era su segundo día en la casa de Viktor después del rescate, y