Avergonzada, ingresó al interior de la academia. A pesar de haber caminado ese pasillo cientos de veces, esta vez sentía que todos los ojos estaban sobre ella. El murmullo de las conversaciones a su alrededor parecía aumentar con cada paso, como si su regreso despertara un sinfín de especulaciones.
Se dirigía hacia la oficina de la dirección cuando una voz femenina la llamó desde el pasillo.
—¡Alina! —Era Marisel Gauti, una rubia alta y de complexión atlética, quien se acercó con una sonrisa si