Dos días con sus noches habían transcurrido desde aquella primera vez, y Alina seguía sumida en una espiral de frustración y rabia. Se sentía atrapada, prisionera de una vida que nunca había elegido. Su enojo no solo estaba dirigido hacia Viktor, sino también hacia sí misma por la impotencia de su situación. La opulencia que la rodeaba contrastaba dolorosamente con el vacío que crecía en su interior, un abismo que parecía no tener fin.
Viktor había impuesto su voluntad sin margen para la negoci