El sol apenas comenzaba a calentar las ruinas de Villa Carranza cuando Santi despertó sobresaltado. La noche había sido tranquila, pero su cuerpo no encontraba paz. Había dormido con un arma bajo la chaqueta y pesadillas detrás de los ojos.
Sarah ya estaba despierta, armando una mesa improvisada con una vieja puerta, organizando mapas, municiones sueltas y latas de comida abiertas. Zarella calentaba un poco de sopa en una olla oxidada, mientras miraba de reojo a Indira, que aún dormía, envuelt