El que no deja huellas:
El sol apenas asomaba entre las nubes negras que parecían haberse vuelto eternas en Danma City. En la cima del edificio principal del refugio, donde el concreto se partía por la humedad y el óxido devoraba las barandas, Santiago observaba en silencio. A su lado, Luna limpiaba con esmero su rifle, como si hacerlo le calmara los pensamientos.
—¿No dormiste nada? —preguntó ella, sin levantar la vista.
Santi negó con un leve movimiento de cabeza. El viento agitaba su ca