“Deudas de Sangre”
Cierro la ducha, me seco y por mi cuerpo se desliza la bata de seda perlada.
Salgo al cuarto en suite y lo veo con la suya puesta.
Me pesa admitir que el tono satinado entre blanco y beige, cirñéndose en su espalda y marcando músculos a través de la tela es una de las cosas más placenteras de admirar.
El contraste de colores entre la bata, su piel y su pelo es una gama de exquisita visualización.
Inspiro profundo.
Vuelvo a inspirar.
Coger es fácil y sabroso, lo difícil es que