"SANGRE DE DRAGONES"
Como si una descarga eléctrica hubiera calcinado mis terminaciones nerviosas salto de la cama, quedando de culo contra el piso.
Mis manos están salpicadas de sangre; su sangre y pese a que el vestido es rojo, se puede sentir la viscosa y metalizada humedad de la tela.
—Mátame —lo escucho, mas no lo veo.
No puedo. No quiero.
—Mátame asquerosa... Cobarde.
Mi mente se pone en blanco y me abrazo a las rodillas, soltando el cuchillo que permanece a mi lado, en el suelo.
—Sólo te