Salvatore Greco salió del restaurante con el rostro tenso, consciente de que la advertencia de Enzo Moretti no era una simple charla entre aliados. Lo que Enzo le había dicho era claro: o frenaba la investigación, o se atenía a las consecuencias.
Enzo se quedó en la mesa unos minutos más, terminando su whisky en silencio. No necesitaba que Greco le prometiera nada más, porque en el fondo sabía que el senador ya había entendido su mensaje. Ahora solo quedaba ver si tenía la inteligencia suficien