Se paró frente a todas. Su presencia imponía. Vestía con la sobriedad de siempre, pero sus ojos hablaban más que su tono habitual.
—Buenas tardes —comenzó, con voz firme—. No voy a darles un discurso. Solo vine a dejar algo claro.
Hizo una breve pausa, escaneando el rostro de cada jugadora.
—He tratado de ser paciente. He confiado en que los problemas internos podían resolverse con diálogo, con madurez. Pero lo que está pasando aquí ya pasó el límite de lo que estoy dispuesto a tolerar.
El ambi