Adriano entró sin anunciarse, con su típica actitud despreocupada, pero cuando vio a su tío, su rostro se iluminó con una sonrisa genuina.
—¡Tío! No me digas que Milán te ha atrapado.
Alfonso sonrió de lado y se levantó para estrecharle la mano con firmeza.
—Alguien tiene que asegurarse de que esta familia no se vuelva aburrida.
Adriano soltó una risa sincera. Era de los pocos que realmente disfrutaba la presencia de Alfonso. A diferencia de su padre, su tío no lo miraba con juicio ni trataba d