Los días pasaron, y poco a poco, Luca comenzó a recuperar el control de su vida.
Lo primero que hizo fue arreglar las cosas con Astrid.
Hablaban más, compartían más. Luca, que nunca había sido del tipo que mostraba demasiado sus emociones, se permitió hacerlo con ella. Astrid lo conocía demasiado bien, sabía cuándo sus silencios significaban algo más, cuándo lo invadía la preocupación.
Un día, después de una cena tranquila en su departamento, Luca le pidió que se mudara a Italia.
—No quiero seg