El sábado por la noche, Marco había organizado un encuentro que rayaba en la insensatez. Un cliente difícil —una heredera rusa con tendencias a la paranoia y un gusto por el drama que rivaliza con las obras de Dostoievski— había amenazado con cancelar un contrato multimillonario a menos que él la acompañara personalmente a una gala benéfica.
Lo que no había previsto era que Lucía también estaría allí.
¿Cómo había subestimado tan completamente los caprichos del destino?
La vio en cuanto entró al