Madrid se había convertido en una ciudad hostil para Daniel Márquez. Cada esquina ocultaba una cámara, cada café podía albergar un periodista disfrazado, cada sombra prometía la emboscada perfecta. La presión mediática no era solo ruido; era una fuerza física que comprimía el aire mismo, convirtiendo cada respiración en un esfuerzo consciente.
Marcelo Vargas había transformado su blog "Vigilante Nocturno" en una máquina de guerra digital. Sus publicaciones llegaban con la regularidad de un metr