Cuarenta y ocho horas. Exactamente cuarenta y ocho horas desde que Marco —¿Marco?— había desaparecido entre los murmullos de la cena benéfica, dejando a Lucía con el sabor amargo de las palabras no dichas y la confusión de una identidad que se desdibujaba como humo entre sus dedos.
El aire acondicionado de la multinacional Meridian Corp había elegido este preciso momento para su acto de rebeldía silenciosa, una protesta muda contra la pulcra eficiencia del lugar. Qué ironía, pensó Lucía, mientr