El evento benéfico se desarrollaba en el hotel más exclusivo de la ciudad, un palacio de mármol y cristal donde cada candelabro costaba más que el salario anual de Lucía. Las parejas se movían por el salón como figuras en una caja de música, sus conversaciones un murmullo constante de influencia y poder.
Marco la guió por el laberinto social con la maestría de alguien que había nacido para esto. Su mano en la parte baja de su espalda era una guía constante, sus presentaciones fluidas como agua