La oficina de reuniones aún conservaba el olor a humo de las lámparas y a la tinta fresca del pergamino en el que habían quedado registrados los nombres de los representantes de la manada. Poco a poco, los betas, el gamma y los demás se habían retirado, dejando al alfa a solas en la penumbra.
Adrián permanecía sentado, con los codos apoyados en la mesa y la mirada perdida en los mapas que había estado observando durante la reunión. El peso de la responsabilidad se había instalado sobre sus homb