El aire en el claro aún olía a sangre seca y humo cuando Leandro trajo el proyector portátil hasta el centro. Los guerreros formaron un semicírculo, manteniendo la distancia, mientras la tensión se acumulaba como una tormenta en el horizonte. La pantalla se encendió, iluminando los rostros cansados de la manada de la Luna Creciente.
Al instante, apareció la imagen del Concejo de Alfas, reunido en una cámara solemne, sus figuras imponentes vestidas con túnicas oscuras y collares de plata que bri