La cabaña de los alfas estaba casi en penumbra. Adrian caminaba de un lado al otro detrás de su escritorio, procesando cada detalle que sus hijos acababan de contarle. Emili se mantenía cerca, con los brazos cruzados y el ceño fruncido. Los trillizos, Alex y Sofía estaban fuera, esperando; solo Diana y sus hermanos mayores permanecían dentro de la oficina.
Adrian se detuvo finalmente, apoyando las manos en la mesa.
—No puedo creer que permitieran que esto llegara tan lejos… —respiró hondo, c