El viaje de regreso tomó tres días completos. Tres días largos, silenciosos a ratos, tensos en otros. Luna Creciente había enterrado varias emociones durante los Juegos, pero salir de la Cuenca y volver a casa las hizo aflorar todas de golpe.
Diana pasó la mayor parte del tiempo mirando por la ventana del vehículo, acomodando su hombro cada tanto para que no tirara demasiado del vendaje. Nikolai viajaba a su lado, siempre pendiente, y Claus alternaba entre revisar mapas, vigilar el perímetro y