Capítulo 26— La batalla.
El bosque estaba en silencio, roto apenas por el viento que agitaba las copas de los árboles. La loba rojiza avanzaba como un rayo, sus patas rozando la tierra húmeda mientras el instinto la guiaba directo a la cueva. El olor de los pequeños era inconfundible, pero también lo era el hedor rancio de dos intrusos que merodeaban demasiado cerca.
Emili no dudó. Se lanzó contra el primero con la fuerza de una tormenta. Su cuerpo rojizo, compacto y ágil, lo derribó contra la tierra antes de que pudie