La sala de reuniones había quedado impregnada de un aire distinto desde que Emili comenzó a hablar. Adrián, Leandro, Mateo y Clara, cada uno en su lugar, seguían con atención las palabras de la joven, sorprendidos de la claridad con la que exponía ideas que jamás habían considerado.
Ella repasaba con calma los planos extendidos sobre la mesa. Con un gesto sutil, marcaba ciertos puntos de las tierras que rodeaban la manada Luna Creciente.
—Quiero que se fijen en esto —dijo, señalando con el