El comedor de la casa de la manada bullía con voces alegres y aromas tentadores. Grandes fuentes con pan recién horneado, frutas y jarras de leche tibia circulaban entre las manos mientras los miembros más jóvenes entraban y salían, cargados de energía.
Emili se sentó entre Selene y Clara, recibiendo de inmediato la sonrisa cálida de ambas. Sentirse parte De aquella mesa tan concurrida la llenaba de una emoción que no podía disimular; después de tantos años de desayunar en silencio, rodeada s