El agua caliente de la bañera se había vuelto un caos, salpicando el suelo de mármol del baño mientras Viktor olvidaba el dolor punzante en su hombro. El mundo se reducía a Diana, sentada a horcajadas sobre sus piernas, su blusa empapada pegándose a cada curva como una segunda piel. El lazo entre ellos era un pulso vivo que hacía que Kael aullara en su mente, exigiendo más. Sus manos, fuertes y callosas, se deslizaban por la cintura de ella, tirando de la tela mojada con una urgencia que no pod