La mañana siguiente amaneció con un sol pálido filtrándose a través de las nubes grises que aún colgaban sobre la Cuenca. El aire estaba fresco, cargado del aroma de pino y tierra húmeda después de la tormenta nocturna. El complejo bullía con actividad: lobos entrenando en los claros, heraldos revisando horarios para la tercera ronda, el eco de risas y gruñidos mezclándose con el zumbido de drones que grababan las sesiones para el Consejo. Diana se levantó temprano, el cuerpo aún sensible por l