La luna menguante apenas iluminaba la habitación cuando Valeria abrió los ojos en medio de la noche. A su lado, Kael dormía profundamente, su respiración rítmica y tranquila contrastando con la tormenta que se agitaba en el interior de ella. Con cuidado, deslizó su cuerpo fuera de las sábanas, conteniendo la respiración cada vez que el colchón crujía bajo su peso.
Una vez de pie, contempló por un momento el rostro sereno de Kael. Las líneas de preocupación que surcaban su frente durante el día