La noche había caído sobre el territorio de Kael, envolviendo el bosque en un manto de silencio interrumpido solo por el ocasional ulular de un búho. Valeria permanecía sentada en el porche de la cabaña, con una manta sobre los hombros y la mirada perdida en la inmensidad del cielo estrellado. Su vientre, cada día más prominente, descansaba bajo sus manos protectoras.
Los acontecimientos de las últimas semanas habían sido una montaña rusa de emociones. Desde su llegada al territorio de Kael, ha