Dejando a mi pequeña humana totalmente dormida sobre las sábanas, me levanto de la cama con rapidez y comienzo a quitarle las correas a sus tobillos, dejando un beso en la piel enrojecida de ambos, antes de proceder a hacer lo mismo con sus muñecas, también enrojecidas.
La he atado muy fuerte.
Suelto un gruñido bajo por eso, molesto conmigo mismo por haber sido tan descuidado con la madre de mis futuros herederos, antes de dejar un último y húmedo beso sobre su cuello, el cual se torna en algo