—Ares — susurro emocionada, girándome hacia el dueño de aquella profunda voz, antes de comenzar a acercarme a él con rapidez para abalanzarme a sus brazos, rodeando su cintura con mis brazos y presionando mi rostro a su pecho con una sonrisa enorme en mi rostro.
Ares no duda en enredar sus musculosos brazos a mi alrededor cuando me tiene pegada a su cuerpo, rodeando mis hombros con un brazo y llevando su otra mano a mi cabeza para presionarme suavemente a su pecho.
Es tan alto que no llega ni a