—Ares — susurro emocionada, girándome hacia el dueño de aquella profunda voz, antes de comenzar a acercarme a él con rapidez para abalanzarme a sus brazos, rodeando su cintura con mis brazos y presionando mi rostro a su pecho con una sonrisa enorme en mi rostro.
Ares no duda en enredar sus musculosos brazos a mi alrededor cuando me tiene pegada a su cuerpo, rodeando mis hombros con un brazo y llevando su otra mano a mi cabeza para presionarme suavemente a su pecho.
Es tan alto que no llega ni a rodearme la cintura.
Inhalo profundamente su exquisito aroma a él y meto mis manos en su camiseta sin mangas deportiva, tocando la piel de su espalda baja como tanto ansían mis dedos y logrando que Ares se estremezca levemente.
—¿Me extrañaste? — pregunta con suavidad sobre mi coronilla, antes de dejar un suave beso en mi cabello y comenzar a darle órdenes a los minions a mi espalda, lo cual ignoro mientras me embriago de él.
Claro que lo extrañe.
Han pasado exactamente treinta y dos tensas y e