Una corta y ronca risa escapa de sus labios ante mis palabras y mi sexo sufre otro espasmo a causa de aquella sexy melodía que tanto me vuelve loca cada que la escucho. Sus manos bajan a mi culo cuando me siente apretar su miembro aún en mi interior y la dureza de su miembro me saca un pequeño gemido cuando le siento engrosarse de nuevo.
Nunca deja de estar duro y dispuesto el condenado.
—No sabe cómo me pone que le guste marcar territorio, futura señora Maxwell. Luciría orgulloso sus marcas en