Está claro que la empatía es algo con lo que Ares no nació.
—Estamos dentro — dictamina con frialdad Ragnar, luego de unos segundos que parecen eternos —. Pongo a disposición la ayuda del cuarenta por ciento que por ahora dispongo de los integrantes de la secta segunda y de mis hermanos y yo para acabar con esto de una vez por todas — declara.
Varios suspiros colectivos se escuchan en la sala y aquellas palabras parecen ser todo lo que Ares necesita escuchar para tomar mi cintura y obligarme a