CAPÍTULO 88— EL ACUERDO Y EL BESO.
El duque Lysmar recibió a Carlos en su despacho esa misma tarde.
El ambiente era tenso, serio. Los guardias se habían retirado, dejando a ambos hombres frente a frente. El duque no perdió tiempo en cortesías.
—Voy a ser claro, príncipe —dijo, con voz grave—. No me importa que venga de un reino vecino ni que lleve sangre real. Si algún día lastima a mi hija, seré yo quien le declare la guerra.
Carlos sostuvo su mirada sin moverse.
—Lo entiendo, excelencia. No pretendo dañarla.
El duque lo observ