CAPÍTULO 87 — UNA NUEVA PROMETIDA.
El conde Harven amaneció con una sola idea en la cabeza: cumplir su palabra.
Había prometido al príncipe heredero que su hija sería su esposa, y nada ni nadie lo haría retroceder. El dinero, los títulos, el poder… todo eso lo seducía más que el amor de su hija.
Ana desayunaba en el salón principal. Su rostro seguía apagado desde el escándalo con su antiguo prometido. No había dormido. Cada vez que cerraba los ojos, veía a aquel hombre con la ramera en el lago. La traición le dolía todavía en el