La mañana en la mansión Fox se sentía distinta. El aire, usualmente cargado de una tensión eléctrica y sexual entre Tyler y Amber, hoy vibraba con una nota de esperanza pura. Amber se encontraba en el baño de la suite principal, con las manos temblando y los ojos fijos en el pequeño objeto de plástico que descansaba sobre el mármol de Carrara. Dos líneas rosas. Nitidas. Innegables.
Un grito de alegría ahogado escapó de sus labios. Después de un mes de malestares, de mareos que ella atribuía al