El aire en el estudio insonorizado se volvió denso, cargado de un magnetismo animal que hacía que las paredes parecieran cerrarse sobre ellos. El beso, que había comenzado como una guerra de orgullo, se transformó rápidamente en una necesidad física desesperada. Tyler no quería palabras, quería marcar su territorio de la forma más primitiva posible.
Con un movimiento brusco, Tyler la empujó contra el escritorio, haciendo que varios papeles volaran por el suelo. Sus manos, grandes y ansiosas, ba