La madrugada se filtraba por las rendijas de las persianas del estudio, tiñendo la habitación de un azul cenizo. El aire aún olía a sexo, a whisky y a la tormenta emocional que había estallado horas antes. Tyler despertó primero. El frío del sofá de cuero contra su espalda contrastaba con el calor abrasador que emanaba del cuerpo de Amber, que dormía con la cabeza apoyada en su pecho, envuelta apenas en la chaqueta de él.
Tyler la observó en la penumbra. Su posesividad no se había calmado con e