Amber golpeó la puerta de roble con una fuerza que le hizo doler los nudillos. Ignoró la presencia de Tyler a sus espaldas, ignoró el calor que emanaba de su cuerpo y, sobre todo, ignoró la presión de su mirada clavada en su nuca.
—¡Noah! ¡Dominic! Abran esta maldita puerta —gritó con la voz quebrada—. ¡No tengo nada que hablar con este hombre! ¡Me da igual lo que piense!
Tyler soltó una carcajada amarga, una que sonó más a un sollozo ahogado que a burla. Se acercó un paso más, invadiendo el es