72. Rituales y risas.
No sé cuánto tiempo pasa desde la última vez que veo a Meira verdaderamente nerviosa. Quiero decir, no inquieta por alguna amenaza externa ni lanzando cuchillos a la oscuridad como suele hacer cuando sospecha de espías, sino nerviosa de verdad, en ese modo torpemente humano en el que hasta el más letal de los asesinos puede parecer un cervatillo tembloroso ante el roce de una mirada.
Cuando entro en la cámara lateral del santuario y la veo allí, rodeada de velas mal dispuestas y con el rostro i