487. La arquitectura del desvío.
No pasa una hora antes de que el gesto comience a deformarse en relato, porque el poder nunca tolera lo ambiguo y se apresura a convertirlo en versión, en advertencia, en ejemplo, y mientras avanzo por los corredores inferiores siento cómo mi nombre se desprende de mí y circula, modificado, cargado de sospechas que no existían hasta que alguien decidió necesitarlas.
La ruptura ya no es una idea: es un efecto en cadena.
Los Selladores menores, aquellos que sostenían su autoridad en la repetición