520. Lo que no puede deshacerse.
La confirmación no llega como un acto clínico ni como un dictamen pronunciado en voz alta, sino como una convergencia inevitable entre señales que ya no admiten negación, una acumulación de pequeños desajustes —el pulso que no se acelera donde antes lo hacía, la manera en que el vínculo ha dejado de empujar hacia afuera para replegarse en círculos concéntricos, la intuición persistente de que algo escucha desde adentro— que terminan por cerrar la última vía de escape racional, obligándome a ace