488. La pedagogía de la caída.
No me encierran de inmediato, porque el poder verdadero siempre prefiere el tránsito a la clausura, el desplazamiento controlado antes que el encierro evidente, y así me conducen por pasajes que conozco demasiado bien como para creer que siguen siendo los mismos, mientras la narrativa de mi traición se afianza afuera con una velocidad casi elegante, pulida por voces que necesitan un cuerpo sobre el cual ordenar su miedo.
Camino con la espalda erguida, no por orgullo sino por coherencia, porque