467. La cercanía con Saelith.
No despierto distinta, pero sí desplazada, como si algo en mí hubiera cedido apenas lo suficiente para que el peso dejara de concentrarse siempre en el mismo punto, y esa redistribución íntima, casi imperceptible para cualquiera que mire desde fuera, altera sin embargo mi forma de moverme por el mundo, porque ya no avanzo desde la defensa ni desde la anticipación constante, sino desde una presencia más amplia, más expuesta, que no intenta corregirse a sí misma antes de ser mirada.
La cercanía c